1 de septiembre de 2014

Amando a Cristo con libertad

"Pido al Padre que Cristo viva en ustedes por la fe y que su amor sea la raíz y el cimiento de su vida. Así podrán comprender con todo el pueblo santo de Dios cuán ancho y largo, cuán alto y profundo, es su amor. El amor de Cristo es tan grande que supera todo conocimiento. Pero a pesar de eso, pido a Dios que lo puedan conocer, de manera que se llenen completamente de todo lo que Dios es." Efesios 3:17-19

El amor de Cristo es tan grande, que no existen palabras para describirlo, al mirar la cruz podemos ver su inmenso amor, es por ello, que nuestro amor a Dios en Cristo Jesús, debe ser en  total libertad, dejando que su Santo Espíritu sea el que exprese ese amor, pues a través de Él, ese amor fue derramado en nuestros corazones (Romanos 5:5).

Hay tanta religiosidad y tanto legalismo en nuestra forma de ver las cosas, que impiden expresar con naturalidad nuestro amor y gratitud al único que vive y reina, Jesucristo; también impiden que tengamos una buena comunión con Dios; la Palabra de Dios la tomamos sin sentido, y nos damos biblazos, acusándonos y permitiendo que se nos acuse, ya no hay ninguna condenación para los que vivimos según el Espíritu "¿Quién puede acusar de algo malo a los que Dios ha elegido? ¡Si Dios mismo los ha declarado inocentes! ¿Puede alguien castigarlos? ¡De ninguna manera, pues Jesucristo murió por ellos! Es más, Jesucristo resucitó, y ahora está a la derecha de Dios, rogando por nosotros.

¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? Nada ni nadie. Ni los problemas, ni los sufrimientos, ni las dificultades. Tampoco podrán hacerlo el hambre ni el frío, ni los peligros ni la muerte... En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total. Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida ni la muerte, ni los ángeles ni los espíritus, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!" Romanos 8:33-39.

Si bien es cierto que Dios como nuestro Padre Celestial, nos somete a disciplina, eso no quiere decir que Él quiera destruir la obra de sus manos, al contrario, " Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehova de los que le temen. Porque Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo"  Salmo 103:13-14

El mejor maestro para conocer bien de la Palabra es el Espíritu Santo, Él es quien nos enseña y nos lleva a toda verdad, esta registrado en Juan 14:26 y Juan 16:13

A medida que nos vamos involucrando más con la Palabra bajo la dirección del Espíritu Santo, entonces podemos decir que la Palabra que es Cristo nos ha hecho libres, para amarlo y vivir una vida de libertad en Él, lejos de estructuras religiosas y legalistas inventadas por el hombre.

La Santa Biblia es nuestro manual, la cual tiene vida en si, cuando está sujeta a la dirección o guía del Espíritu Santo de Dios, sin Él es letra muerta.

Un abrazo y muchas bendiciones.
Margarita Messa Benitez

31 de agosto de 2014

Las cosas que nos tragamos

Yaroslav Petuchov ejercía su profesión en Praga, en la antigua Checoslovaquia. Llevaba mucho tiempo aprovechándose de su profesión para coleccionar cosas interesantes. No era un coleccionista «de primera» sino «de segunda», pero esto no se debía a que esas cosas se encontraran en almacenes de antigüedades sino a que él mismo las encontraba en el estómago de sus clientes. Como médico cirujano, Yaroslav Petuchov no desperdiciaba nada de lo que pudiera sacarles a sus pacientes.

Ahora bien, ninguno de esos pacientes jamás hubiera acusado al excéntrico médico de desatenderlo. Al contrario, lo único que el doctor Petuchov trataba con cierta indiferencia eran las cosas más comunes que extraía del estómago de ellos, tales como botones, monedas y agujas, ya que éstas no despertaban el interés de nadie en comparación con las cosas raras y excepcionales que llegaron a conformar su curiosa colección. Entre estas cosas preciadas había boquillas de cigarrillos, relojes de pulsera, medallones con cadena y todo, rulos para rizar el cabello y, sin lugar a dudas una de las cosas más raras de todas, una reina de ajedrez que un jugador nervioso se tragó antes de que le dieran jaque mate. ¡Con razón aquel curioso cirujano logró mantener vivo su interés en la operación de cada paciente! Estaba consciente de que en cualquiera de ellos podría encontrar una valiosa pieza más para incorporar a su extraordinaria colección.

Así como es posible operar físicamente a una persona y descubrir en ella toda clase de cosas ocultas que se ha tragado, también es posible operarla espiritualmente. En lo físico el que tiene el poder para hacerlo es el cirujano; en lo espiritual, es la palabra de Dios. A eso se refiere el escritor bíblico de la Carta a los Hebreos cuando dice: «Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.»1 Según el apóstol Pablo, la palabra de Dios —infalible, certera, e inapelable— es la espada del espíritu2 que revela los secretos más penosos y pone al descubierto la más recóndita maldad.

Gracias a Dios, una vez que Él, por medio de su palabra, descubre esas cosas que no debiéramos habernos tragado, no se dispone a sacarlas con ansias de exhibirlas ante los demás como trofeos que forman parte de su colección, para vergüenza nuestra, sino que se ofrece a sacarlas con el deseo de desecharlas y así limpiarnos de toda maldad, para gloria nuestra. Pues es sólo mediante esa limpieza interior total que podemos llegar a disfrutar de una vida saludable, carente de todo organismo perjudicial a nuestra salud espiritual, como también de la vida eterna.
Carlos Rey
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1 Heb 4:12
2 Ef 6:17

30 de agosto de 2014

¿Sensibles o insensibles?

“»Jeremías, dile al pueblo: “Esto dice el SEÑOR: »‘Cuando una persona se cae, ¿acaso no vuelve a levantarse? Cuando descubre que está en un camino equivocado, ¿acaso no da la vuelta? Entonces, ¿por qué esta gente continúa en su camino de autodestrucción? ¿Por qué los habitantes de Jerusalén rehúsan regresar? Se aferran a sus mentiras y se niegan a volver. Escucho sus conversaciones y no oigo una sola palabra de verdad. ¿Hay alguien que esté apenado por haber hecho lo malo? ¿Alguien que diga: “¡Qué cosa tan terrible he hecho!”? ¡No! ¡Todos corren por el camino del pecado tan veloces como galopa un caballo a la batalla!” Jeremías 8:4-6 (Nueva Traducción Viviente)

Hay momentos en donde realmente necesitamos que nuestro espíritu se sensibilice delante de Dios y es que no vamos a negar que hay momentos en donde pareciera que nuestro espíritu, nuestro corazón y todo nuestro ser está endurecido por alguna razón.

Y es que a veces la falta de una comunión diaria con Dios puede ocasionar la perdida de sensibilidad espiritual que mucho tiene que ver con la humildad, puesto que entre más humildes seamos más fácilmente podremos ser sensibles a Dios.

Hay personas que dicen no sentir la presencia de Dios como la sentían antes, personas que confiesan que en el camino algo ocurrió y que aquella sensibilidad de la que antes gozaban desapareció. Y es que la sensibilidad espiritual es algo que nunca debe faltar en un hijo de Dios porque es la forma de cómo nuestro espíritu se comunica con Dios y nuestra fe crece.

¿Cómo detecto que he ido perdiendo la sensibilidad espiritual?

Cuando al no orar ya no siento el deseo de volverlo a hacer. Cuando al orar no pronuncio ninguna palabra a conciencia sino solo vanas repeticiones. Cuando al alabar a Dios ya no me gozo. Cuando al adorar a Dios mi corazón ya no se quebranta. Cuando el no servir ya no inquieta mi espíritu. Cuando el pecado ya no me produce culpa. Cuando ya no siento pasión por los necesitados de Dios. Cuando mi vista se gira y comienzo a ver los errores humanos antes que la gracia y misericordia de Dios. Cuando al leer la Biblia siento que ya no me edifico sino que me aburre. Cuando ando más a la defensiva en todo que con un corazón humilde con ansias de aprender. Y muchos más que podríamos añadir.

Hay momentos en donde lo único que necesitamos hacer es reconocer que estamos convirtiéndonos en insensibles a todo lo que tiene que ver con lo espiritual. Cuando en mi vida comienza a gobernar más lo carnal que lo espiritual entonces voy camino hacia el fracaso espiritual y sobre todo hacia la insensibilidad espiritual.

Hoy quiero invitarte a reflexionar en tu camino, en tu caminar, en los pasos que estás dando. Reflexiona sobre qué tan sensible estás siendo a lo espiritual y si tu corazón es sensible a Dios entonces ¡Gloria a Él!, pero si siendo sincero contigo mismo denotas un cambio a comparación de otras épocas, entonces es hora de volver al camino del cual nunca debiste desviarte.

Seamos sinceros con nosotros mismos, la única forma de regresar al lugar en donde nunca debimos de desviarnos es siendo humildes y sinceros, pero también es necesario tener valor para tener la determinación de regresar al nivel de sensibilidad espiritual que antes gozamos.

Yo te pregunto y me pregunto: ¿Queremos vivir siendo insensibles o queremos vivir siendo sensibles a todo lo que tiene que ver con Dios?, yo elijo lo segundo.

¡Volvamos a lugar de sensibilidad espiritual para poder gozar de una vida cristiana plena!

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.”
Jeremías 6:16 (Reina-Valera 1960)
Enrique Monterroza

29 de agosto de 2014

Manteniendo el espíritu encendido

1 Tesalonicenses 5:19 Reina-Valera 1960 (RVR1960)No apaguéis al Espíritu.

En muchas ocasiones nos preguntamos “qué parte le toca hacer a Dios y qué parte me toca hacer a mi?”, y sabe, es una de las preguntas más importantes que nos haremos en toda nuestra vida, ya que de ello dependerá la manera en la que entremos a la siguiente.

La tradición y lo que nos enseñaron a la mayoría es que Dios es todopoderoso, lo cual nuestra generación mal entendió como que es Él quien tiene que hacerlo todo por nosotros y para nosotros, sin ver ni entender que Él ya lo hizo todo al dar su vida y dejarnos al Espíritu Santo para que llene nuestra vida de poder, es decir y en otras palabras, nos cedió la estafeta y nos dio la enmienda de establecer su Reino en esta tierra, para prepararlo todo para cuando Él venga de nuevo.

Es por eso que nos es tan importante el nacer de nuevo, pues con ello recuperaremos nuestro espíritu, aquel que nos permite escuchar la voz de Dios y entender cuales son sus propósitos, el cual nos permite ver lo invisible e interpretar sus planes, es el espíritu el que nos regresa a nuestro diseño original a su imagen y semejanza y sobre todo, nos regresa nuestro papel funcional en Él, donde dejamos de ser niños mimados que todo piden y poco reciben y nos convertimos en coherederos responsables de extender nuestra heredad.

Como siempre, la decisión está en nosotros, debemos de decidir si queremos ser parte activa de su Reino con todas las garantías de lo escrito o si queremos ser la parte pasiva que se pierde de lo bueno y pasa su tiempo esperando a que algo bueno le suceda “si Dios quiere”.

Al entender esto, nos percatamos que la parte mas importante de nuestra fe, es el oír, es el escuchar la voz de Dios, el cual, aunque a muchos les cuesta trabajo creerlo, nos habla todo el tiempo y aunque no nos habla de nosotros ni de nuestros asuntos, ya que eso no nos da identidad, nos habla de su Reino y de como formamos parte de Él y de como extenderlo, de manera que se cumpla la palabra que dice “buscar primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás les será añadido” (Mateo 6:33), pero para ello necesitamos un espíritu, el cual solo obtenemos al nacer de nuevo y confesar a Jesús como nuestro Señor y Salvador, es decir debemos de pasar de nuestra relación inconsciente y emocional con Dios a una relación consciente y racional, en donde haya diálogos y no monólogos, en donde cada palabra que sale de la boca de Dios nos da vida y nos hace generar vida y no solo esperanza como sucede cuando tenemos una fe pasiva.

Es por eso que la cita de hoy nos previene de no apagar nuestro espíritu, es decir, nos previene a no vivir por lo que vemos y no vivir por lo que sentimos, sino a vivir por lo que escuchamos directamente de Dios para que vivamos una vida a prueba de errores y con victorias constantes, donde los retos sean mas grandes en todas las ocasiones, pero nuestra capacidad para enfrentarlos por medio del Espíritu de Dios también lo sea.

Por tanto, es nuestra responsabilidad regresar a nuestra identidad a imagen y semejanza de Dios, es decir a ser 3 en 1 como Dios lo es, en donde nuestro cuerpo esté sano, las emociones y pensamientos en nuestra alma estén alineados y sea nuestro espíritu que escucha a Dios quien rija a los 2 anteriores.

Por tanto debemos de aprender a serenar nuestra alma, es decir a callar nuestros pensamientos y sentimientos y aprender a escuchar a Dios, lo cual parece muy difícil en la teoría pero es sumamente fácil y fascinante una vez que se pone en práctica, y si no lo ha hecho, considere los consejos que nos da el mismo Yeshúa (Jesús) en Mateo 6.

Es espíritu se aviva con la palabra de Dios, tanto la que está escrita, como la que escuchamos a diario, si no lo escuchamos y no lo buscamos en la intimidad, nuestro espíritu se apagará, así como estuvo apagado antes de que hubiéremos nacido de nuevo, por tanto nos es necesario mantenernos activos y como parte del Reino de nuestro Padre constantemente, para poder crecer espiritualmente y vivir una vida como Dios la planeó y no como nuestras circunstancias lo permiten.
Rene Giesemann

28 de agosto de 2014

¿Sin importancia?

Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán… —Zacarías 4:10

Suelo conocer personas que sirven en lugares y de maneras que consideran insignificantes. A menudo, las desanima la soledad y sienten que lo que hacen vale muy poco. Cuando las escucho hablar, pienso en uno de los ángeles del libro de C. S Lewis Más allá del planeta silencioso, que dijo: «Mi pueblo tiene una ley sobre no hablar de tamaños ni de números […]. Eso hace que reverencies las pequeñeces y pases por alto lo verdaderamente grande».

A veces, la cultura afirma que lo grande es mejor; que el tamaño es la verdadera medida del éxito. Una persona debe ser fuerte para resistir esta tendencia; en especial, si trabaja en un lugar pequeño. Pero nosotros no debemos «[pasar] por alto lo verdaderamente grande».

No es que lo números no importen (después de todo, los apóstoles contaban cuántos se habían convertido con ellos; ver Hechos 2:41). Los números representan seres vivientes con necesidades eternas. Todos debemos trabajar y orar para que una gran cantidad de personas entre en el reino, pero la autoestima no puede apoyarse en números.

Dios no nos llama a encontrar satisfacción en la cantidad de trabajo que hacemos para Él ni en el número de personas que forman parte de esa obra, sino a cumplir fielmente la tarea en su nombre. Servir a nuestro gran Dios con su fortaleza y de maneras pequeñas no es un trampolín hacia la grandeza; es la grandeza en sí.

Todo aquel que hace la obra de Dios como Él lo diseñó es importante ante sus ojos.
David H Roper