30 de julio de 2014

El Señor está allí

Para ser un miembro de la verdadera iglesia de Dios, tú debes ser conocido por el nombre de Jehová Sama: “El Señor está allí” (Ezequiel 48:35). Otros deberían poder decir de ti: “Está claro para mí que el Señor está con esta persona. Cada vez que lo veo, siento la presencia de Jesús. Su vida verdaderamente refleja la gloria de Dios”.

Si somos honestos, tendremos que admitir que no sentimos la dulce presencia del Señor entre los cristianos muy a menudo. ¿Por qué? Los cristianos gastan su tiempo envueltos en actividades religiosas buenas, en grupos de oración, en estudios bíblicos, en ministerios de alcance y todo esto es muy elogiable. Pero muchos de estos mismos cristianos pasan poco o ningún tiempo ministrando al Señor, en el aposento secreto de oración.

La presencia del Señor simplemente no puede ser falsificada. Esto es cierto ya sea que se aplique en la vida de un individuo o en el cuerpo de una iglesia. Cuando me refiero a la presencia de Dios, no estoy hablando de algún aura espiritual que envuelve místicamente a una persona o que desciende sobre un culto en la iglesia. En lugar de ello, me estoy refiriendo al resultado de un caminar de fe simple, pero poderoso. Ya sea que se manifieste en la vida de un cristiano o en una congregación entera, hace que las personas lo noten. Se dicen a sí mismos: “Esta persona ha estado con Jesús” o “Esta congregación verdaderamente cree en lo que predica”.

Se necesita mucho más que un pastor justo para producir una iglesia “Jehová Sama”. Se necesita gente justa, personas de Dios que se encierren a solas con Él. Si una persona nueva, al terminar el culto dice: “Yo sentí la presencia de Jesús ahí adentro”, tú puedes estar seguro de que no fue por la prédica o por la alabanza. Fue porque una congregación justa entró a la casa de Dios y la gloria de Dios estaba en medio de ella.

En Hechos 4:13 leemos que Pedro y Juan fueron llevados al Sumo Sacerdote y a otras autoridades: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”.
David Wilkerson

29 de julio de 2014

y conozcamos que él es Dios

Salmos 46:10 Reina-Valera 1960 (RVR1960) Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

Existen muchos mitos y muchas opiniones acerca de quien es Dios, pero la real y la verdadera solo la encontraremos en su palabra, es decir solo la Biblia nos puede enseñar quien es Dios.

Muchos se preguntarán porqué es esto, y la respuesta es sencilla, todo lo que Dios hace, lo hace por medio de su palabra, de modo que la Biblia es el documento que Dios dictó por medio de los diferentes autores que usó para dejar claro lo que paso, lo que pasa y lo que ha de pasar.

Por tanto, para poder tener una adecuada relación con Dios, todo lo que tenemos que hacer o bien a todo lo que tenemos que aspirar es a escuchar la voz de Dios para poder entender el propósito de cada situación y cómo es que Él será honrado por ella.

El ir a la presencia de Dios solo a pedir y a repetir una y otra vez lo que necesitamos, es completamente inútil, ya que Dios sabe lo que necesitamos y sabe lo que habremos de decir antes de que abramos la boca, esto nos lleva a entender que nuestra oración consiste en ir a escuchar la voz de Dios para entender que es Él quien tiene el control de nuestras situaciones y que lo que nos dice, no es nuevo, sino que esta perfectamente alineado con su palabra.

Es por eso que a muchos les cuesta trabajo entender de qué es de lo que les hablará Dios, ya que están esperando algo que se trate de ellas y no de Dios.

La cita de hoy lo deja mas que claro, es necesario que estemos quietos delante de Dios, es decir que tengamos oportunidad de escuchar lo que nos dice y diferenciarlo de nuestros sentimientos y nuestros pensamientos por medio de la palabra y de esa manera reconocer que Él es Dios quien lo puede todo y lo ha hecho todo por nosotros de manera que que sea siempre Él quien sea exaltado por lo que pasa en nosotros y Él quien reciba la gloria por cada victoria en nuestra vida.

Por tanto, nos es necesario aprender a pasar tiempo en silencio en presencia de Dios, a que aprendamos a escuchar más allá de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, de modo que tengamos la certeza de que ha sido Dios quien nos ha hablado y nos ha dado las herramientas y las soluciones a nuestros problemas de manera eterna y absoluta.

Piénselo detenidamente, cuanto tiempo hace que no va a la presencia de Dios simplemente a estar con Él y a escucharle?, hace mucho?, pues no tarde!, ahí está todo aquello que ha estado buscando!
Rene Giesemann

28 de julio de 2014

Trascendamos, pero al modo de Dios

Juan 15:16 Nueva Traducción Viviente (NTV) Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.

Todas las personas tenemos el mismo anhelo, el trascender de alguna manera, el ser recordados ya sea por nuestros logros o por nuestro pasar por la vida, si lo pensamos detenidamente, aún quienes deciden dejar de vivir y se suicidan esperan trascender por medio de conmocionar a quienes les rodeaban o bien por medio de las cartas que dejan explicando los motivos de su decisión, el hecho es que esperan de alguna manera ser recordados por medio de su acto.

Obviamente no todo es tan drástico como un suicidio, pero si todos tratamos de trascender y ser recordados, hay quienes lo hacen por medio de ser serios y callados, o babemos quienes siempre estamos tratando de llamar la atención de otros y que nos identifiquen por algo.

Pero en realidad, el que tratemos de llamar la atención de otros y que nos recuerde no tiene mucho sentido, porque tarde o temprano seremos olvidados, pero que hay de llamar la atención de Dios?, he ahí la garantía de que seamos recordados, pues es Él quien es eterno y puede poner ese efecto en nosotros, lo ha pensado?, piense en David, quien era solo un jovencito que pastoreaba las ovejas de su padre, pero que en su intimidad donde solo Dios le veía era el mas grande de los hombres y fue Dios quien reconoció, puso su nombre en la historia y hasta hoy se le recuerda como el hombre que tenía un corazón conforme al de Dios.

También hubo hombres como Abraham quien no pudo tener hijos por si solo, pero tenía un corazón de padre como ningún otro y una dependencia de Dios como pocos, de modo que Dios perpetuó su nombre, no como aquel que recibió un hijo de parte de Dios, sino aquel que sembró la semilla de aquello que habría de ser el pueblo de Dios sobre la tierra.

Y podría mencionar muchos otros que han hecho de la misma manera y le quiero explicar cual es la diferencia de lo que hicieron y como lo hicieron, a lo que hacemos nosotros.

Desafortunadamente, nuestra generación tiene una fe limitada a lo que ve, los medios, el ritmo de vida y muchos otros factores, nos limitan y creemos en lo que vemos o en lo que otros han experimentado, pero pocas veces nos atrevemos a echarnos un clavado en la palabra de Dios y comprobarla por nosotros mismos y peor aún, nuestras oraciones están enfocadas solamente en cosas visibles y en cosas efímeras o de poca trascendencia.

Normalmente nuestra oración y nuestra intimidad con Dios tiene que ver con las cosas que nos satisfacen, pero no en cosas que nos den identidad y que nos regresen a nuestra condición a imagen y semejanza de Dios, pedimos cosas que vemos y que cumplen un papel en servirnos, pero no en cosas que nos hagan siervos de otros, y en rarísimas ocasiones oramos por cosas que nos transformen como Hijos de Dios.

Nuestra soberbia ha llegado a tal grado que decidimos no acercarnos a Dios porque nos decimos a nosotros mismos “no religiosos”, siendo que no es una opción que tenemos, la cita de hoy nos lo explica, en el momento que entendamos que no somos nosotros quienes le damos una oportunidad a Dios, sino Él quien nos llama con un propósito el cual habremos de descubrir para caminar con Él y habremos de dar frutos duraderos.

Frutos duraderos, ha pensado en ello?, muchos creen que acercarse a Dios significa que nuestros problemas se irán, pero no es así, la mejor señal de que estamos “bien” con Dios es que los demás podrán comer de los frutos en nosotros y piense en esto, un fruto por lo general es dulce, es decir, el acercarnos a Dios nos da como señal el que nos volvamos mas agradables a los demás y que estos se beneficien de nuestra intimidad con Dios y esto de manera permanente.

Es por eso que debemos de llevar siempre en nuestra mente y en nuestro corazón los frutos del Espíritu que menciona Gálatas 5:22, donde esto es algo que debe de ser permanente en nosotros como la mejor señal de la presencia de Dios en nuestra vida y sobre todo, que ninguno de ellos es consecuencia de la actitud de otros hacia nosotros, sino que siempre estaremos listos para dar lo mejor de nosotros a los demás aun cuando los demás parecieran no merecerlo.

Cuando dejemos de orar y pensar en lo efímero y en lo pasajero, encontraremos nuestro propósito en el dar frutos duraderos, que sean siempre dulces y siempre agradables a los demás y que no dejen de ser, así como Dios no deja de ser y nos impregna de su esencia.
Rene Giesemann

27 de julio de 2014

Para que no nos quedemos cortos

Génesis 17:19 Reina-Valera 1960 (RVR1960) Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.

Como lo he repetido en muchas ocasiones, muchas personas confunden el orar con el pedir y el riesgo que corren es que centran su atención más en lo que piden y en ellas mismas más que en aquel del que se supone que dependemos y quien concederá aquello no que pedimos, sino que necesitamos.

Está bien que vayamos delante de Dios a exponer nuestra necesidad, pero en ocasiones olvidamos la calidad de Dios que tiene aquel al que vamos a pedir, olvidamos que Él sabe mejor que nosotros lo que necesitamos y conoce nuestras palabras aun antes de que abramos nuestra boca.

Por tanto, a veces corremos el riesgo de desperdiciar nuestro tiempo al no tener claro a lo que vamos a la presencia de Dios, ya que definitivamente el ir a pedir no solo es equivocado, sino también es quedarse corto, pues sería un desperdicio solo ir a eso.

La Biblia nos enseña que vamos a la presencia de Dios a ser transformados a su imagen y semejanza, de modo que cada vez que salimos de ahí, somos más como Él y menos como éramos antes de entrar y si no vamos con ese objetivo, nos podemos perder de aquello que Él tenía planeado para nosotros.

Y cómo es que esto sucede?, sencillo, por medio de la bendición, el término bendición viene de bien-decir, es decir que lo mas importante que sucede cuando estamos en la presencia de Dios es que nos habla y por medio de su voz nos transforma, por tanto, si no escuchamos nada en la presencia de Dios, estamos fritos!!
Y no crea que le digo que ora de forma inadecuada, ya que no hay manera de hacerlo, todas las oraciones son buenas, solo hay mejores maneras de hacerlo y aquellos que oran entendiendo que van a escuchar a Dios, obtendrán mejores resultados que el resto.

Piénselo de esta manera, Abram anhelaba tener un hijo, e iba delante de Dios a pedirlo y en ocasiones incluso a quejarse porque no lo tenía, pero no fue sino hasta que Dios le habló acerca del hijo que las cosas empezaron a suceder.

Primeramente, Abram aprendió que su oración era pequeña a comparación del plan de Dios, ya que Abram solo quería tener un hijo, pero Dios quería formar un pueblo que viniera de la descendencia de Abram, segundo, Dios tenía que hablar al oído y al corazón de Abram para transformarlo al nivel Patriarca en vez de hacerlo solo Padre de uno, toda su manera de vivir habría de cambiar.

En otras palabras, si solo le daba un hijo, seguiría siendo Abram por siempre, pero si dejaba que Dios le transformara, le sería cambiado su nombre por Abraham y sería el Patriarca que llevaría por emblema la nación de Dios, todo dependía de lo que escuchara y creyera acerca de Dios y de lo que Dios le dijera.

Por tanto, su oración no tiene porqué ser elocuente ni rebuscada para que pueda ser escuchada por Dios, por el contrario, debe de ser sencilla y pausada para que tenga usted espacio para escuchar la voz y lejos de pedir algo que no sabe si recibirá, pueda usted declarar lo que Dios le habla y ser transformado por ello.

Esta en usted el decidir si continua como Abram o permite que Dios le transforme en Abraham, si tan solo recibe un hijo o es usted el primer eslabón de toda una dinastía de hombres y mujeres que transforman el mundo por medio de lo que Dios hace en ellos y de lo que sale de sus bocas.
Rene Giesemann

26 de julio de 2014

¿Iguales a quién nos entendemos?

Mateo 8:13 (RVA 60) Entonces Jesús dijo al centurión:Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

Uno de mis mayores anhelos en la vida es emocionar a Dios, en realidad espero algún día poder sorprenderlo y hacer algo mayor a sus expectativas y hacer que su corazón salte de alegría a causa de mi actitud o de algún acto que yo cometa.

Hay cosas que hoy en día como en tiempos de Yeshúa (Jesús) eran muy comunes y entre esas estaba el no conocer quien era Dios, es decir, todos sabían de Dios pero pocos sabían quien era Dios, todos tenían mas una relación con los efectos de Dios que con Dios mismo, es por ello que la respuesta del Centurión sorprendió y emocionó a Yeshúa (Jesús), ya que no solo le conocía, sino entendía de qué se trataba este famoso Reino del cual tanto hablaba.

Yeshúa (Jesús) antes que ser “bueno” y hacer milagros, fue un hombre sujeto a autoridad, a la de sus padres, a la de sus maestros y a las impuestas por los hombres, es por eso que no se describe su vida desde su nacimiento hasta los 30 años de edad, ya que todos los varones pasaban por el mismo sistema de educación y nadie podía ser Rabí (maestro) antes de la edad de 30, así lo dictaba la costumbre de los Judíos en ese entonces.

Por tanto Yeshúa (Jesús) pudiendo ser maestro de maestros desde los 12 como lo enseña la Biblia, se sujetó a sus padres y a las tradiciones para mostrar su corazón manso y por medio de ello enseñar a los hombres acerca de como desatar el poder del Reino de los Cielos.

El Centurión no solo conocía los hechos de Yeshúa (Jesús), también conocía su vida, su siervo le había contado todo, y entendió que no era algo ajeno a las enseñanzas de los Judíos lo que hacía, por el contrario, no había hombre mas apegado a la ley y a sus autoridades que Yeshúa (Jesús), cosa con la cual podía el Centurión entender, pues sabía que la excelencia y la autoridad vienen de la obediencia, era más que evidente.

Por tanto entendía que para ejercer autoridad, no se necesitaba presencia, solo se necesitaba que una instrucción fuera dada y todo lo que estuviera bajo esa autoridad se movería para acatar de inmediato, por tal, no era necesario que Yeshúa (Jesús) visitase al siervo, solo era necesario que diera la instrucción a las huestes celestiales para que sanasen al hombre.

En muchas ocasiones oramos y pedimos sin tener certeza de lo que habrá de pasar y de si Dios responderá nuestra petición y tiene mas que ver con el hecho de que no nos sabemos bajo autoridad que con el capricho de Dios, es por eso que le digo a la gente que no existe frase más mediocre (espero que nadie se ofenda) que “si Dios quiere”, como que si Dios quiere?, acaso no le conocen?, acaso no han consultado su opinión acerca del asunto en trámite?, acaso no han consultado la palabra de Dios para ver si lo que se pide esta alineado a ella?, pareciera que preferimos tener un gurú que in Dios que nos hace a su imagen y semejanza, en ocasiones duele pensar que un Centurión Romano se identificara mas con Dios o bien con Yeshúa (Jesús) que aquellos que decimos creer en Él o a Él.

La fe es un asunto de identidad, el Centurión encontró los puntos en los que era a imagen y semejanza con Dios y con ello no logró solo la sanidad de su siervo, sino un nombre en la historia, y ser recordado como alguien quien emocionó a Dios.

Pero eso no le interesa a las personas el día de hoy, la gente prefiere la democracia y el ser iguales y ser tratados iguales que los demás a ser iguales a Dios y vivir bajo autoridad en una teocracia, ya que no entienden el significado de una, ni de la otra, confunden la ignorancia con la inocencia y creen que todo les va a caer del cielo y le llaman gracia, siendo que no la entienden.

En realidad, todos vivimos en la misma circunstancia y en las mismas condiciones que el Centurión, nos es hecho de acuerdo a nuestra fe, el que cree poco, recibe poco, el que cree mucho recibe mucho, pero no depende de la cantidad de lo que creemos, sino de la fuente de lo que creemos y solo se tiene fe, si se cree en la palabra de Dios, por tanto, en que cree usted?, recibe de acuerdo a lo que cree?, si no recibe cuando menos como el Centurión, le urge ponerse en contacto con su Biblia y el empezar a obedecer a Dios.
Rene Giesemann