23 de septiembre de 2014

El consumador de nuestra fe

"Jesús, el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12: 2). Hay muchas cosas que sinceramente anhelo, pero algunas no fueron iniciadas por Dios. Por ejemplo, anhelo de todo corazón que nuestra iglesia en Colorado Springs vea a decenas de miles de personas venir a Cristo en las próximas décadas. Dios no me lo ha prometido, pero aun así, anhelo y oro para que Él traiga a los perdidos a sus brazos amorosos.

Todos necesitamos tener cuidado de tomar nuestras esperanzas y convertirlas en promesas. Sólo podemos estar seguros de que algo es una promesa de Dios cuando está confirmada a través de la Escritura, de la oración y, a veces, de hermanos cristianos.

Es posible para nosotros escuchar la voz de nuestras propias ambiciones y deseos, y confundirla con la voz de Dios. Podemos anhelar ciertas cosas, incluyendo cosas buenas, y sin embargo, como lo escribió Santiago, Dios no nos va a conceder esas peticiones porque nacieron de nuestro esfuerzo propio y de la carne.

En lugar de ello, Dios perfecciona nuestra fe al poner a un lado esas cosas. Hablando como un hombre de mediana edad, estoy tan feliz de que el Señor haga esto. Hay muchas cosas que yo he querido en mis treinta años, que hoy me alegro de que Él nunca me las haya dado. En Su misericordia, Dios vio lo que yo necesitaba y no permitió las cosas que yo quería. Al perfeccionar nuestra fe, los deseos que Él inicia, aquellas cosas nacidas en Él y no en nosotros mismos, comienzan a levantarse en nuestros corazones.

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (11: 1). Cuando Dios purifica nuestra fe, nuestra confianza es edificada. Crecemos en el discernimiento y decimos: "Ah, sí, esta es la Palabra del Señor y esa otra palabra no lo es. Él me está confirmando su promesa a través de la Escritura, de la oración y del testimonio de mis hermanos y hermanas”. La fe comienza a establecer el asunto dentro de nosotros, tal como Hebreos 11: 1 dice que por la fe estamos totalmente seguros de que vamos a recibir lo que esperamos.

Este tipo de fe fue perfeccionada en aquellos que formaron parte de los Héroes de la Fe (ver Hebreos 11). Según ese capítulo, Dios no elogió a Abel por su digno sacrificio de adoración, sino por su fe. Noé no fue elogiado por ser un predicador de justicia sino por su fe. De igual manera, Moisés no fue elogiado por ser un osado libertador, sino por su fe.
Gary Wilkerson

22 de septiembre de 2014

Vivir en amor

Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. —Salmo 112:4

En el país africano donde vive una amiga mía, el agua es un elemento valiosísimo. A menudo, la gente tiene que recorrer largas distancias para recoger agua en arroyos pequeños y contaminados, lo que genera enfermedades y muertes. A las organizaciones como orfanatos e iglesias les resulta difícil servir a las personas que no tienen agua. Pero eso está empezando a cambiar.

Con el liderazgo de mi amiga y las donaciones generosas de algunas personas que son miembros de iglesias establecidas, están comenzando a cavarse pozos de agua. En este momento, al menos seis pozos nuevos están funcionando, lo que permite que esas iglesias sean centros de esperanza y aliento. Gracias a este suministro de agua, también se podrán abrir un centro de salud y un hogar para 700 huérfanos.

Esta es la clase de amor que puede fluir de los creyentes en Cristo, tras haber experimentado el amor y la generosidad de Dios. Pablo afirma en 1 Corintios 13 que, si no tenemos amor, nuestras voces solo hacen ruido en los oídos de la gente y nuestra fe no significa nada. Y el apóstol Juan declara que, si tenemos posesiones materiales y hacemos algo cuando vemos que otros tienen necesidades, eso demuestra que el amor de Dios mora en nosotros (1 Juan 3:16).

El Señor desea que seamos «compasivos» (Salmo 112:5 rvc) con los necesitados, porque su corazón es misericordioso con nosotros.

La bondad es el cristianismo con ropa de trabajo.
Dave Branon

21 de septiembre de 2014

No hay problema que él no pueda arreglar

En Marcos 9, un padre consternado llevó a su hijo endemoniado a los discípulos de Jesús buscando liberación. Este muchacho no era simplemente problemático o rebelde, estaba lleno de espíritus malignos que controlaban sus acciones. Este pobre muchacho era considerado un caso imposible, era sordo y mudo, así que solo balbuceaba sonidos guturales. Su padre tenía que sostenerlo continuamente, porque los demonios, constantemente, trataban de tirarlo al río más cercano, a un lago o en el fuego. Era un trabajo de tiempo completo evitar que su hijo se matara y debe haber destrozado el corazón de ese padre.

Ahora, mientras el padre estaba ante los discípulos, Satanás comenzó a manifestarse en el muchacho. Comenzó a botar espuma por la boca y a rodar en la tierra, contorsionándose y dando vueltas violentamente. Las escrituras nos dicen que los discípulos oraron por él, quizás por largo tiempo, pero nada sucedió. Pronto los incrédulos escribas los rodearon preguntando: “¿Por qué no es sanado el muchacho? ¿Es este caso muy difícil para su Señor? ¿Es el diablo más poderoso en esta clase de situación?”

¡Pero entonces Jesús entró en escena! El padre dijo: “Traje a mi hijo a tus discípulos, pero no pudieron sanarle. Es un caso imposible”. Jesús respondió simplemente: “…Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23). Cristo le estaba diciendo a todos los presentes: “¿Crees que puedo manejar toda situación excepto aquellas bajo el control del diablo? Te digo, no existe problema, ni circunstancia imposible que Yo no pueda arreglar.”

Entonces, con solo una sola palabra, Jesús hizo lo imposible realidad: “…reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.” (Versículo 25). En ese momento, el muchacho cayó a tierra como muerto. Pero, las Escrituras dicen que: “Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.” (Versículo 27).

¿Te puedes imaginar el gozo en esta escena? ¡Aquel muchacho sano y libre debe haber corrido a su padre a abrazarlo y el corazón del padre debe haber saltado de gozo! Dios lo había arreglado todo.

¿Por qué el Espíritu Santo movió a Marcos a incluir esta historia en su evangelio? Yo creo que fue para que cada padre desde ese momento en adelante supiera que se puede confiar en Dios para hacer lo imposible por sus hijos. El Señor estaba diciendo: “Puedo restaurar cualquier cosa y a cualquier persona. Si tan sólo crees, todo será posible para ti a través de Mí.”
David Wilkerson

20 de septiembre de 2014

El efecto Emanuel

Mateo 14:16 Nueva Traducción Viviente (NTV) Jesús les dijo: —Eso no es necesario; denles ustedes de comer.

Alguna vez le han preguntado cual es su pasaje favorito de la Biblia?, a mi me han hecho esta pregunta varias veces y me es muy difícil el responder porque son muchas las citas que no solo son mis favoritas, sino tienen un significado especial en mi vida cotidiana, ya que son las que le dan sentido a mi fe.

Una de esas citas y en definitiva es una de las 3 que más aprecio es Isaías 7:14, la anunciación de la llegada de Jesús, pero con un nombre muy pero muy especial “Emanuel”, es decir, Dios con nosotros, la promesa de que no solo vendría un salvador, sino que permanecería con nosotros y nos enseñaría una mejor manera de vivir! asombroso, no?

Pero pocos creen en esta palabra y pocos se atreven a entenderla en su vida cotidiana, muchos dicen que Dios esta “con” ellos, pero pocos creen que Dios está verdaderamente en su vida cotidiana para tener un efecto.

Es para mi muy común el hacer oraciones en grupo, ya sea para bendecir los alimentos, para iniciar o terminar una clase o enseñanza o qué se yo y siempre trato de alentar a los más nuevos en su fe a orar y siempre me encuentro con las mismas caras de pánico como si los estuviera a punto de masacrar y siempre es la misma respuesta de “no se orar”, como si fuera algo que alguien nos enseñara o alguna materia que reprobamos en la escuela, siendo que es la mejor de las oportunidades que tenemos para que Dios se manifieste en nosotros, es decir, es donde experimentamos Emanuel, es donde experimentamos a Dios funcionando por medio de nosotros, por tanto el orar no es una oportunidad para quedar mal a causa de nuestro poco conocimiento acerca de las cosas de Dios, sino una oportunidad de Dios para quedar bien y manifestarse por medio de nuestra fe.

Es decir, es fácil decir que creemos en Dios, aun los ateos creen en Él, si no, como lo pueden negar?, el detalle está en creerle a Dios, eso es distinto, es no solo creer que existe, sino que es Emanuel, que está con nosotros y pretende manifestarse en nosotros todo el tiempo.

Emanuel no es la persona de Yeshúa (Jesús), sino el efecto de Yeshúa (Jesús) mismo en nosotros, y lo ponía en práctica todo el tiempo, piense que cuando vivió entre nosotros, no vino a hacer, sino a enseñarnos como hacer para cuando el pecado ya no fuera un impedimento entre Dios y nosotros (Ya que habría de morir a causa de nuestro pecado), por tanto retaba y hacía a sus discípulos funcionar en Emanuel todo el tiempo, por ejemplo aquel día que alimentaron a los 5 mil.

Yeshúa (Jesús) enseñó a sus discípulos a amar a las personas y a vivir para servirlas, es por ello que estaban preocupados por alimentarlas, pero ahora faltaba el toque emocionante del Emanuel, el que serían ellos quienes harían la labor de alimentarlos, es por eso que Yeshúa (Jesús) les dice “no es necesario enviarlos a sus casas, aliméntenlos ustedes”, se puede imaginar la cara de pánico de los discípulos, creo que la cara de mis alumnos cuando los pongo a orar se queda corta, no lo cree?, resulta que no solo no los podían enviar a sus casas, sino que ahora tenían que ingeniárselas para alimentarlos!, cómo?, de dónde?, la respuesta era más que sencilla, todo vendría del Emanuel, del acto de Dios estar en medio de ellos, y de dejarse usar por Él.

Yeshúa (Jesús) les puso el ejemplo, más fueron ellos quienes metían las manos a los canastos todo el tiempo y seguían sacando panes y peces al grado que sobró, Emanuel había hecho efecto en ellos, estaban funcionando como instrumento de Dios y no solo dependiendo de que Yeshúa (Jesús) lo hiciera todo!
Estoy convencido de que es eso lo que le hace falta a esta generación, no estamos dispuestos al efecto Emanuel en nosotros, creemos en Dios, pero no le creemos que fuimos nosotros los escogidos para extender su Reino en esta tierra y que seremos nosotros los que por medio de su efecto en nosotros seamos los autores de prodigios y milagros continuos y constantes, en donde todo lo que hagamos lejos de hacernos bien a nosotros exaltará su nombre y hará que más y más personas busquen de Él.

Por tanto, debe de quedarle claro, no hay otra persona que Dios quiera usar, sino específicamente a usted, Emanuel quiere manifestarse por medio suyo y solo es cuestión de que usted le crea a Dios y deje de solo creer en Dios.

Quien mejor que usted para orar y manifestar la voluntad de Dios, quien mejor que usted para imponer manos sobre los enfermos, quien mejor que usted para ser autor de milagros, quien mejor que Emanuel para manifestarse por medio de usted que lee estas líneas, no cree que sea parte del milagro que sea usted leyendo esto y no la persona de a lado?
Rene Giesemann

19 de septiembre de 2014

Devuélvase al remitente

Era un paquete de correo: un paquete común, de menos de un kilo de peso. Lo había llevado al correo de Bagdad, Irak, Khay Ranahjet, un joven de veinticuatro años de edad. Se lo estaba enviando a una persona de la misma ciudad.

Al llevar Khay, varios días después, una carta al correo, encontró ese mismo paquete en su buzón. Tenía impreso un sello de correo que decía: «Franqueo insuficiente. Devuélvase al remitente.»

Lo que el joven olvidó en el azoramiento era que él mismo había colocado dentro del paquete una bomba de tiempo. Al abrirlo, la bomba explotó en sus manos, matándolo en el instante.

Hay una ley natural que se llama el efecto bumerán. Algo que se lanza al aire hace un gran círculo y vuelve al mismo lugar de donde partió. Los indígenas australianos inventaron esta arma, y son expertos en su uso.

En el orden moral de las cosas opera la misma ley. Una calumnia que se lanza al aire da una gran vuelta entre la gente y a la larga vuelve a la persona que la lanzó. Esto ocurre con cada maldad humana: da una gran vuelta en el tiempo y en la humanidad, hace su daño inevitable, y al final regresa con fuerza arrolladora en contra del que la perpetró.

Dios ha puesto sobre cada pecado humano el mismo sello: «Devuélvase al remitente.» Y el remitente de cada mentira, de cada calumnia, de cada difamación, de cada deshonra, de cada robo, de cada adulterio y de cada homicidio recibe de vuelta con creces gigantescas el mismo agravio que impartió.

Dios podría hasta alejarse totalmente de este universo, y sin embargo el hombre, sin esa presencia divina, seguiría sufriendo las consecuencias de su pecado. Esto se debe a que el pecado en sí se convierte en su propio castigo.

«No se engañen —dice el apóstol Pablo, el doctor del cristianismo—: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7).

¿Habrá manera de neutralizar el efecto bumerán? No, pero lo que sí hace Dios es darle al pecador una oportunidad de arrepentirse. Cuando el culpable recibe el perdón de Cristo, recibe un nuevo corazón, y sus obras cambian, junto con las consecuencias. Cristo regenera al pecador, borra sus pecados y le da vida eterna. Este es el milagro del Evangelio de Cristo.
Hermano Pablo